LA AUTOPUESTA Y HETEROPUESTA EN PELIGRO CONSENTIDA DE LA VICTIMA EN LA JURISPRUDENCIA EXTRANJERA

Jorge Alberto Vega Aguilar[1]

Fiscal Provincial Penal Titular de Nuevo Chimbote

Distrito Fiscal del Santa

jorvegas@gmail.com

 

RESUMEN: Introducción. 1. La autopuesta y heteropuesta en peligro de la víctima. 1.1. La autopuesta en peligro. 1.2. La heteropuesta en peligro consentida de la víctima. 1.3. Diferencias entre una autopuesta y heteropuesta en peligro de la víctima. 2. Posturas sobre de la heteropuesta en peligro consentida de la víctima. 2.1. Posturas que admiten la heteropuesta en peligro consentida de la víctima. 2.2. Posturas que no admiten la heteropuesta en peligro consentida de la víctima 3. Jurisprudencia nacional y extranjera. 3.1. Jurisprudencia nacional. 3.1.1. El caso rock en río. 3.1.2. Motociclista temerario. 3.1.3. Ciclista temerario. 3.1.4. Peatón imprudente. 4.1. Jurisprudencia extranjera. 4.1.1. Caso de la entrega de heroína. 4.1.2.          Caso del salto del camión. 4.1.3. Caso del copiloto. 4.1.4. Caso de competición de motocicletas. 4.1.5. Caso de trasmisión de VIH. 4.1.6. El caso de la furgoneta. 4.1.7. El caso del autosurfista. 4.1.8. El caso de la prueba de aceleración. Conclusiones. Referencias Bibliográficas.

RESUMEN

El presente artículo trata sobre la descripción de las posturas dogmáticas que se han suscitado en la doctrina jurídico-penal sobre la autopuesta y heteropuesta en peligro consentida de la víctima y su jurisprudencia en sede nacional y extranjera. En este orden de ideas, una de las discusiones jurídicas existentes en la actualidad entre juristas alemanes y españoles es la relacionada con la autopuesta y heteropuesta en peligro de la víctima, con relación a la autopuesta en peligro de la víctima, sostienen diversos autores que estamos ante una autopuesta cuando una persona, sujeto pasivo o víctima sufre un daño o lesión a través de su propia acción y/o actividad arriesgada, se autocausa la muerte o el daño de su integridad física, aunque otra persona haya contribuido a producirlo; por otro lado la heteropuesta en peligro consentida consiste en que tanto el autor y la víctima tienen conocimiento del resultado lesivo, siendo la víctima quien incremente el riesgo y resulta lesionada; asimismo, otros autores sostienen que es un tercero el que, como autor directo, daña, lesiona o mata a la víctima, si bien ésta es consciente y asume el riesgo de lesión para su vida o su integridad física a que aquél le está sometiendo. Al respecto sostienen algunos autores que ese resultado es atribuible al autor o sujeto activo, mientras que otros autores sostienen que no corresponde atribuirle responsabilidad, es por ese motivo que el presente artículo, pretende debatir criterios de solución respecto a la incidencia de la heteropuesta en peligro consentida de la víctima, desarrollando las principales tendencias en la jurisprudencia para luego realizar una reflexión dogmática conforme a una perspectiva de análisis jurídico. 

Palabras clave: Autopuesta en peligro, Heteropuesta en peligro consentida, Víctima, imputación, autorresponsabilidad, incremento del riesgo consentimiento.

 

INTRODUCCIÓN

En los últimos años en nuestro país, la denominada moderna teoría de la imputación objetiva ha alcanzado un notable auge doctrinario y jurisprudencial, teniendo como influencia de juristas extranjeros especialmente de Alemania y España.  Por otro lado, en sede nacional el trato que se viene dando a la institución de la imputación a la víctima -autopuesta en peligro de la víctima- es aceptada mayoritariamente por la doctrina y jurisprudencia, sin existir mayor controversia; debemos de precisar que en estos últimos años la polémica se viene suscitando  con relación a la heteropuesta en peligro consentida de la víctima, debido a que autores como Roxin, quien es el que desarrolla doctrinariamente la heteropuesta en peligro consentida de la víctima y siendo su postura que en casos no existe responsabilidad del autor teniendo como casos emblemáticos a la prueba de aceleración, el caso de la furgoneta y los autosurfistas[2], a los cuales Luzón Peña[3], quien pese a ser discípulo de Roxin, sostienen una postura distinta a la solución arribada en estos casos arribando que si existe responsabilidad del conductor; por otro lado debemos de precisar que Luzón Peña, arriba a la misma solución que Roxin en el “caso del río Memel” y el “caso del sida”[4], los cuales trataremos más adelante y como cereza del pastel tenemos a otros autores como Stratenwerth, quien sostiene que la heteropuesta en peligro de la víctima debe ser sacado del catálogo de casos especiales.

En este orden de ideas y con la más loable intención de contribuir a la actual discusión acerca de la autopuesta y heteropuesta en peligro consentida de la víctima en el sistema de la imputación objetiva, hemos citado nuestro interés en el estudio en primer lugar sobre la autopuesta y heteropuesta en peligro de la víctima; por otro lado se realizará un estudio de las posturas que admiten y no a la heteropuesta en peligro consentida de la víctima y, finalmente realizaremos un análisis de la jurisprudencia de los Tribunales Superiores alemanes y españoles, dando un énfasis en aquellos supuestos en los que se produce una interacción entre el autor y la víctima, en que ambos colaboraron de algún modo en la génesis del riesgo que acaba lesionado el segundo, llegando a analizar si el comportamiento de la víctima tiene influencia en la determinación de la gravedad del resultado lesivo de parte del autor. Lejos de convertirse en meras discusiones doctrinales, en este trabajo nos impulsamos decididamente por hacer un análisis desde el punto de vista de nuestra realidad nacional.

1.1     La autopuesta en peligro de la víctima

En primer término debemos de precisar con relación a la autopuesta en peligro de la víctima, no existe mayor discusión tanto en la doctrina como en la jurisprudencia nacional y extranjera, en este sentido, sostiene Roxin que concurre la autopuesta en peligro cuando alguien sufre un daño a través de su propia acción arriesgada, aunque también otro haya contribuido a producirlo. Por ejemplo, A y B emprenden en un terreno intransitable una carrera de motos, en la que A sufre por su propia culpa un accidente mortal. En este caso, B, aunque haya cooperado causalmente a la muerte de A, no puede ser penado por un homicidio imprudente, pues –dado que la autopuesta en peligro de A es penalmente irrelevante- tampoco puede ser punible tomar parte en tal suceso[5].

Al respecto Roxin, precisa que los tribunales alemanes años anteriores no resolvían los casos de autopuesta en peligro de la víctima como ya lo vienen realizando en la actualidad, hecho que también viene pasando en nuestro país, en diversos casos conocidos como es el caso conocido como “Rock en río”[6], en el cual la Corte Suprema de la República, absuelve a los organizadores de un concierto realizado a campo abierto y bailando sobre un puente colgante un aproximado de cuarenta personas, originando que se desprenda uno de los cables que sujetaba al puente, falleciendo dos personas siendo sentenciado en primera instancia por el delito de homicidio culposo y es la Corte Suprema quien absuelve al organizador del festival indicando que éste no creó ningún riesgo jurídicamente relevante, encontrándonos en el citado ante una autopuesta en peligro de la víctima. En este orden de ideas, anteriormente el Tribunal Supremo Federal alemán veía las cosas de un modo distinto y por eso condenó a B por homicidio imprudente, pero en 1984 cambió de opinión y absolvió del reproche de haber cometido ese delito a un acusado que había facilitado una jeringuilla de heroína a otra persona, falleciendo ésta tras inyectársela de propia mano. El pasaje decisivo de la sentencia dice así: “las autopuestas en peligro queridas y ejecutadas por uno mismo de forma responsable no caen bajo el tipo de un delito de lesiones o de homicidio si el riesgo que se realiza es el conscientemente corrido con esa puesta en peligro. Quien se limita a incitar a tal autopuesta en peligro o simplemente la posibilita o favorece no se hace penalmente responsable de un delito de lesiones o de homicidio”. Desde entonces se sostiene en Alemania de forma prácticamente unánime la impunidad de la cooperación a una autopuesta en peligro dolosa[7].         

Debemos de tener en cuenta, lo señalado por el jurista español Gimbernat, quien sostiene con relación a la participación en una autopuesta en peligro que, es la víctima, la que en última instancia se mata o se lesiona a sí misma. Como ejemplo de este primer grupo de casos puede acudirse al del tercero-participe que vende heroína al drogadicto, falleciendo éste posteriormente al autoinyectársela, debido al alto grado de pureza de la droga, circunstancia que era desconocida tanto para el vendedor como para el comerciante. En este sentido, éste jurista defiende la siguiente tesis: como la participación imprudente en un suicidio (como tal sucedió, siempre doloso) es impune en el Derecho español, y como también lo es la participación imprudente (lo es, incluso, dolosa) en una autolesión las participaciones en una automuerte o en unas autolesiones imprudentes, consecuencias de la autopuesta en peligro en la que se ha colocado la propia víctima; es decir, como su ejemplo inicial: el vendedor de heroína que le facilita al drogadicto la sustancia, falleciendo éste, o sufriendo un daño en su salud, al autoinyectásela, no responde del resultado lesivo que imprudentemente se ha causado así la misma, la propia víctima[8].

1.2.    La heteropuesta en peligro consentido de la víctima

Luego de tratar sobre la autopuesta en peligro de la víctima, debemos saber la postura de Roxin, quien sostiene que la situación es diferente cuando se trata de la heteropuesta en peligro consentida. Por ello entiende el caso de que alguien ponga en peligro a otro, pero de forma tal que éste asuma tal puesta en peligro con pleno conocimiento del riesgo. Probablemente el caso más frecuente en la práctica es el de quien, tras asistir a una fiesta nocturna, se deja llevar en un automóvil por otro invitado, sabiendo que éste ha consumido alcohol y que no está por tanto en condiciones de conducirlo de forma segura. ¿Responde por homicidio imprudente el conductor si, por la influencia del alcohol, se produce un accidente mortal?[9].

Al respecto Gimbernat, con relación a la heteropuesta en peligro consentido de la víctima, sostiene que al igual que en la autopuesta, la víctima acepta también el riesgo de lesión, pero, a diferencia de la autopuesta, donde es el sujeto pasivo el que, en última instancia, y con su propia actividad, se autocausa la muerte o el daño de su integridad física, en la heteropuesta es un tercero el que, como autor directo, mata o lesiona a la víctima, si bien ésta es consciente de -y asume- el riesgo de lesión para su vida o su integridad al que aquél le está sometiendo. Como por ejemplo de heteropuesta en peligro puede acudirse al de la persona que, consciente de quien se encuentra al volante de un automóvil ni tiene permiso ni sabe conducir, accede, no obstante, a ocupar el puesto de acompañante, produciendo posteriormente, a consecuencia de una previsible maniobra imprudente del conductor, un accidente de circulación en el que la víctima pierde la vida o resulta lesionado; asimismo, este jurista sostiene en su segunda tesis es que sí es punible, en cambio la heteropuesta en peligro consentida; es decir, y para expresarlo también con un ejemplo que el conductor que, por su conducción imprudente del vehículo, lesiona o mata al acompañante, responde penalmente de esos resultados, aunque la víctima hubiera estado de acuerdo en someterse al riesgo al que le exponía quien materialmente le produjo la muerte o lesiones[10].

Debemos tener en cuenta respecto a la participación en una autopuesta en peligro de la víctima y heteropuesta en peligro consentida de la víctima, lo que indica Cancio[11] al precisar que la herramienta central para la solución del problema jurídico – penal de la intervención de la víctima en la actividad arriesgada sobre todo con la ayuda de diferencia aquellos casos en los que la aportación material de la víctima al acontecer es de mayor entidad (entonces desde la perspectiva del autor, sólo habría “participación”) de aquellos otros en los que la conducta de la víctima es más pasiva, es decir, cuando ésta más bien se limita a tolerar el comportamiento generador de riesgo realizada autor (casos en los que la conducta del autor sería constitutiva de autoría).

En este orden de ideas Luzón Peña, propone una excepción en la equiparación de alguna heteropuesta en peligro consentida a la participación en una autopuesta en peligro: el control del peligro por la víctima, precisando para que lo que en principio parece un mero consentimiento en una puesta en peligro por un tercero se pueda equiparar a una autopuesta en peligro de la víctima que favorece el tercero, no puede bastar con los requisitos, exigidos por Roxin, de que la víctima tenga el mismo conocimiento del riesgo que el agente, que sea imputable y o esté coaccionada y que el tercero no cometa otros fallos y vaya más allá de lo que acepta o le pide la víctima. Pues por mucho que sea así y la víctima conozca bien el peligro en que la pone el otro, ello no se convierte en una autopuesta en peligro de la que es autor la víctima si ésta no llega a tener control objetivo sobre el hecho peligroso[12]. Precisa, además que en consecuencia, resulta justificado que por ser prioritaria la imputación del riesgo a la víctima se excluya la imputación objetiva a la conducta del tercero agente como autoría de la puesta en peligro y se la considere como mera participación secundaria (favorecimiento) atípica en una autopuesta en peligro. Finalmente, sostiene resumidamente: el control o dominio compartido del riesgo (sobre el hecho peligroso) entre la víctima y un tercero da lugar a que en estos casos lo que en principio sería coautoría del tercero (coautoría si se tratara de control o dominio compartido de dos terceros en la puesta en peligro de un bien jurídico ajeno) valorativamente se convierta en simple participación secundaria (y atípica) en la autopuesta en peligro de la víctima. Ejs. de equivalencia al favorecimiento de una autopuesta en peligro (y por tanto falta de imputación objetiva del resultado al tercero): la persona que acepta (a iniciativa del otro o suya o de ambos) tener acceso carnal sin protección, una o varias veces, con otra persona que sabe que está infectada de sida, tiene el mismo grado de control que ésta –por mucho que sea el infectado quien pueda contagiar al no infectado– sobre el hecho de llevar a cabo la actividad sexual peligrosa y el mismo grado de control o falta de control que el ya infectado sobre las posibles consecuencias lesivas.[13]

Como podemos apreciar existen diversas posturas o soluciones con relación a la heteropuesta en peligro consentida de la víctima, dando cada jurista, una solución a la misma según sea el caso en concreto, unos juristas sostienen que el autor es responsable del suceso lesivo y otros juristas sostienen que el autor se encuentra exento de responsabilidad, ello es lo que debemos analizar si se nos presenta un caso donde nos encontrarnos ante una heteropuesta en peligro consentida de la víctima, debemos de aplicar adecuadamente la institución que venimos desarrollando a fin de no generar abusos o impunidad.

1.3.    Diferenciación entre una autopuesta y una heteropuesta en peligro consentida de la víctima

Al respecto sostiene Camilo Machado, citando a Cancio, Gimbernat y Tamarit, que en definitiva, se trata de posturas que parten de la base como solución de la diferenciación entre participación en una autopuesta en peligro en principio impune, y heteropuesta en peligro en principio punible. Esta diferenciación se ha convertido en una de las aproximaciones dogmáticas más frecuentes en la discusión, sobre todo en Alemania, pero también en países como España. De esta forma, se abre una constelación de supuestos de hecho, agrupados por aquel sector doctrinario partidario de la idea de la autopuesta en peligro, en los que se sostiene la atipicidad al margen de la teoría del consentimiento, mediante la exclusión de la imputación objetiva del resultado.

Debemos de precisar lo indicado por Roxin, quien al iniciar su artículo titulado La polémica en torno a la heteropuesta en peligro consentida. Sobre el alcance del principio de autorresponsabilidad en Derecho Penal”, indicando que el punto de partida de sus reflexiones se halla en la distinción entre la cooperación a una autopuesta en peligro dolosa y la heteropuesta en peligro consentida. Al respecto sostiene Roxin, que sin embargo la distinción entre autopuesta y heteropuesta en peligro se ha impuesto en la jurisprudencia alemana y también, ampliamente, en la doctrina. Hay buenas razones para ello. Pues aquél que no desencadena el suceso lesivo por sí mismo, sino que se expone al peligro originado por otro, se somete así, como yo mismo había anticipado, a un desarrollo imprevisible “en el que a menudo no existe ya aquella posibilidad de intervenir para controlarlo o cancelarlo que todavía podría tener quien se pusiera a sí mismo en peligro; además, quien se expone a una heteropuesta en peligro normalmente no tiene el mismo conocimiento de la capacidad del otro para dominar las situaciones arriesgadas que el que tiene para valorar la medida y los límites de su propia habilidad”. En este mismo sentido dice DÖLLING: «De la participación en la autopuesta en peligro se ha de distinguir la heteropuesta en peligro consentida porque en ésta el riesgo para el que se expone al peligro no es dominable de la misma manera…”. Por lo demás, aquí el autor se injiere en una esfera jurídica ajena, mientras que eso no ocurre en el caso de la autolesión[14].

Adicionalmente, sostiene Roxin, que había propuesto ya en el año 1973 tratar la heteropuesta en peligro consentida como un caso de restricción teleológica del tipo y excluir la imputación al tipo objetivo allí “donde la heteropuesta en peligro equivalga, bajo todos los aspectos relevantes, a una autopuesta en peligro“. Se trata por tanto de una aplicación analógica de las reglas de la autopuesta en peligro con propia responsabilidad, un supuesto éste en el que hoy está prácticamente fuera de discusión la impunidad de la cooperación de terceros. Tal analogía puede ser admitida sin reparos porque opera en beneficio del autor y parece tener además fundamento porque ambas constelaciones de casos presentan tal semejanza que no pocos autores consideran incluso la heteropuesta en peligro consentida como un caso de la autopuesta en peligro. Asimismo, refiere Roxin, que ciertamente, como ya se ha dicho, esto no es del todo correcto porque hay una diferencia entre ponerse uno mismo en peligro o exponerse al peligro generado por otro. El que consiente en una heteropuesta en peligro tiene la mayoría de las veces un menor “poder de evitación”. Aquél no puede valorar la capacidad de controlar el riesgo que posee quien lo genera con la misma precisión que éste y tampoco puede intervenir en ese acontecimiento en la misma medida. Por eso yo había condicionado de antemano la analogía al cumplimiento de determinados requisitos de equiparación. Junto al conocimiento del riesgo y al consentimiento en la acción arriesgada causante del daño yo había exigido y exijo aún hoy además que “el sujeto al que se pone en peligro cargue con la misma responsabilidad que quien lo provoca por la acción común”[15].

 

 

[1]                 Magister en Derecho Penal por la Universidad Católica Santa María de Arequipa, Estudios concluido de Doctorado en Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 2014-2015.

[2]      Roxin C. (2013) p. 20  Sostiene este autor que también en el caso del “autosurfista”, Luzón Peña quiere sancionar penalmente al conductor, porque los surfistas no controlaban el riesgo. Pues para ellos, desde el techo del automóvil, sería “enormemente difícil o incluso imposible pedir al conductor que frenara o se detuviera y, aparte de ello, no controlaban tampoco los movimientos y oscilaciones del coche”.

[3]      Luzón D. (2010) “Principio de alteridad o de identidad vs. Principio de autorresponsabilidad. Participación en autopuesta en peligro, heteropuesta en peligro consentida y equivalencia: el criterio del control del riesgo. Diego-Manuel Luzón Peña. Revista Nuevo Foro Penal Vol. 6, N° 74, enero-junio 2010, pp. 58-80, Universidad EAFIT, Medellín (ISSN 0120-8179) p. 77 Este autor sostiene que aunque en principio pudiera pensarse, al haberse pactado la velocidad con el conductor, en una analogía con el supuesto del copiloto que incita al conductor a ir a velocidad excesiva pero comprometiéndose a parar de inmediato si se lo pide el copiloto, sin embargo aquí los jóvenes “surfistas” no controlaban en absoluto el riesgo, pues una vez en marcha el vehículo desde lo alto del techo les sería dificilísimo o imposible indicar al conductor que redujera o parara la marcha y además, al no controlar los giros y movimientos del auto, no podían controlar tampoco la posibilidad de pérdida de equilibrio y salir despedidos; y por cierto, lo mismo sucedería si el “surfing” lo hubieran practicado subidos en tablas de patines y agarrados al lateral del vehículo. Por tanto, al tratarse de una heteropuesta en peligro consentida (y gravemente imprudente) no equivalente a la autopuesta en peligro, sí hay imputación objetiva del resultado de las lesiones y por ello responsabilidad del conductor por lesiones por imprudencia grave.

[4]          Roxin C. (2013)  La polémica en torno a la heteropuesta en peligro consentida. Sobre el alcance del principio de autorresponsabilidad en Derecho Penal”. Revista para el análisis del Derecho. Barcelona p. 20. Este autor sostiene que en el caso del río Memel Luzón Peña, se inclina por la absolución. Los pasajeros habrían tenido “el mismo grado de control que el barquero y la posibilidad de ordenarle regresar hasta el momento en que se introdujeron con el bote en la zona de aguas turbulentas; y a partir de ese momento la falta de control del bote por parte del barquero habría sido prácticamente idéntica” que la de los pasajeros. Igual resultado alcanza en el caso del SIDA: “La persona sana tiene el mismo grado de control que la enferma”.

[5]      Roxin C. (2013) La polémica en torno a la heteropuesta en peligro consentida. Sobre el alcance del principio de autorresponsabilidad en Derecho Penal”. Revista para el análisis del Derecho. Barcelona p. 4

[6]                 Sala Penal de la Corte Suprema, Expediente N° 4288–97 Ancash.  Lima, 13 de abril de 1998. En el presente caso el acusado organizó un festival de baile «Rock en Río», el 3 de junio de 1995 en Caraz, el mismo que fue realizado en una explanada a campo abierto, en las inmediaciones de un puente colgante ubicado sobre el Río Santa. Un grupo de aproximadamente cuarenta personas, en estado de ebriedad, bailaron sobre el mencionado puente colgante, hecho que ocasionó el desprendimiento del cable que sujetaba uno de sus extremos, produciéndose la caída del puente y de las personas que allí se encontraban. Dos de éstas perecieron ahogadas por traumatismo encéfalo craneano, además, otras resultaron heridas, siendo sentenciado en primera instancia y posteriormente absuelto por la Sala Penal de la Corte Suprema, debido a que la conducta del agente al organizar un festival bailable de rock no creó ningún riesgo jurídicamente relevante que se haya realizado en el resultado, existiendo por el contrario una autopuesta en peligro de la propia víctima, la que debe asumir las consecuencias de la asunción de su propio riesgo, por lo que conforme a la moderna teoría de la imputación objetiva el obrar a propio riesgo de los agraviados tiene una eficacia excluyente del tipo penal. El tipo objetivo de los delitos culposos o imprudentes exige la presencia de dos elementos: a) La violación de un deber objetivo de cuidado, plasmado en normas jurídicas, normas de la experiencia, normas del arte, ciencia o profesión, y b) La producción de un resultado típico imputable objetivamente al autor por haber creado o incrementado un   riesgo jurídicamente relevante.

[7]      Roxin C. (2013) Ob. Cit. p. 4

[8]                 Gimbernat, E. (2007) Imputación Objetiva y conducta de la víctima, Editorial UBIJUS, México D.F. p. 14

[9]      Roxin C. (2013) Ob. Cit. p. 4

[10]               Gimbernat, E. (2007). Ob. Cit.  pp. 14 – 15   

[11]           Cancio, M. (2001). Conducta de la víctima e imputación objetiva …… p. 179.

[12]           “Principio de alteridad o de identidad vs. Principio de autorresponsabilidad. Participación en autopuesta en peligro, heteropuesta en peligro consentida y equivalencia: el criterio del control del riesgo”. Revista Nuevo Foro Penal Vol. 6, N° 74, enero-junio 2010, pp. 58-80, Universidad EAFIT, Medellín (ISSN 0120-8179) Diego-Manuel Luzón Peña. pp. 74-75        

[13]               Luzón D. (2010) Ob. Cit. p. 76     

[14]     Roxin C. (2013) Ob. Cit.  p. 7

[15]               Gimbernat, E. (2007). Ob. Cit. pp. 14 – 15    

Descarga el artículo completo:

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
noticias

Convenio con centro pediátrico

CENTRO ESPECIALIZADO – MI PEDIATRA A través de un convenio celebrado entre la asociación y el centro especializado se logró establecer un convenio de asistencia médico familiar para todos los asociados de AFISPERÚ. Gracias a este convenio, todos los asociados

Leer Más >>

MI PEDIATRA

CONVENIO DE COOPERACIÓN INTERINSTITUCIONAL ENTRE LA ASOCIACIÓN DE FISCALES DEL PERÚ Y LA EMPRESA DE SERVICIOS PEDIÁTRICOS. Descargue el comunicado aqui: CLICK AQUÍ

Leer Más >>

CAMPEONATO DEPORTIVO POR EL PRIMER ANIVERSARIO

CAMPEONATO DEPORTIVO POR EL PRIMER ANIVERSARIO Equipo deportivo 2019 Fotografía con los colegas del Ministerio Público Fotografía del Presidente y el Secretario de AFISPERÚ LA COPA OBTENIDA EN EL EVENTO DEPORTIVO 2019 Share on facebook Facebook Share on twitter Twitter

Leer Más >>

1ER ANIVERSARIO DE LA «ASOCIACIÓN DE FISCALES DEL PERÚ»

1ER ANIVERSARIO DE LA «ASOCIACIÓN DE FISCALES DEL PERÚ» Público asistente al evento de capacitación jurídica Ponencia del Dr. William Rabanal Palacios Ponencia del Dr. Carlos Machuca Fuentes Ponencia del Dr. Fredy Gutierrez Crespo Palabras de Agradecimiento por su participación

Leer Más >>
WhatsApp chat